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contiene millones de sitios y páginas que podemos visitar, pero debemos tener
en cuenta que algunas páginas contienen mala información o inapropiada.
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La
página web segura es aquella que te puede pedir información o datos personales,
y ahí tener tú contenido privado para que otras personas no logren verificar.
El
uso de internet no solo es entretenimiento también encontramos información
adecuada, noticias, etc.
Segmento mixto, con un nivel de ingresos más altos que el promedio. Son muy
modernos, educados, liberales, cosmopolitas y valoran mucho la imagen personal.
Son innovadores en el consumo y cazadores de tendencias. Le importa mucho su
estatus, siguen la moda y son asiduos consumidores de productos “light”. En su
mayoría son más jóvenes que el promedio de la población.
Los Progresistas
Hombres que buscan
permanentemente el progreso personal o familiar. Aunque están en todos los NSE,
en su mayoría son obreros y empresarios emprendedores (formales e informales).
Los mueve el deseo de revertir su situación y avanzar, y están siempre en busca
de oportunidades. Son extremadamente prácticos y modernos, tienden a estudiar
carreras cortas para salir a producir lo antes posible.
Las Modernas
Mujeres que trabajan o
estudian y que buscan su realización personal también como madres. Se
maquillan, se arreglan y buscan el reconocimiento de la sociedad. Son modernas,
reniegan del machismo y les encanta salir de compras, donde gustan de comprar
productos de marca y, en general, de aquellos que les faciliten las tareas del
hogar. Están en todos los NSE.
Los Formales/Adaptados
Hombres trabajadores y
orientados a la familia que valoran mucho su estatus social. Admiran a los
Sofisticados, aunque son mucho más tradicionales que estos. Llegan siempre un
“poco tarde” en la adopción de las modas. Trabajan usualmente como oficinistas,
empleados de nivel medio, profesores, obreros o en actividades independientes
de mediano nivel.
Las Conservadoras
Mujeres de tendencia bastante
religiosa y tradicional. Típicas “mamá gallina”, siempre persiguen el bienestar
de los hijos y la familia, y son responsables de casi todos los gastos
relacionados al hogar. Se visten básicamente para “cubrirse” y solo utilizan
maquillaje de forma ocasional. Gustan de las telenovelas y su pasatiempo
preferido es jugar con sus hijos. Están en todos los NSE.
Los Austeros
Segmento mixto, de bajos
recursos económicos, que vive resignado a su suerte. Hay muchas personas
mayores que prefieren la vida simple, sin complicaciones y, si fuese posible,
vivirían en el campo. Son reacios a los cambios, no les gusta tomar riesgos y
no les agrada probar nuevas cosas. Muchos son inmigrantes y tienen el porcentaje
más alto de personas de origen indígena.
En resumen:
No existe una relación directa entre modernidad e ingreso, ni tampoco entre
orientación al logro y recursos económicos. Si bien los Sofisticados son los
más modernos y más ricos, y los Austeros los más tradicionales y más pobres,
también se observa que hay pobres modernos, como algunos Progresistas y algunas
Modernas, y ricos tradicionales, como algunos Formales/Adaptados y algunas
Conservadoras. Más aún, existen muchos ricos que no obedecen al estereotipo
“occidentalizado-yuppie” propio de los Sofisticados; sino que la mayoría de
ricos en América Latina se encontraría en grupos que no tendrían esas
características tradicionalmente reconocidas en las clases acomodadas.
“El rey del mercado de la papa” o el empresario semi-formal, dueño de
una inmensa flota de camiones, pueden tener niveles de riqueza bastante mayores
a la de muchos de la clase alta clásica, sin compartir con ellos sus costumbres,
valores o comportamientos”.
En 1996, Arellano Marketing realizó en Perú el primer estudio de Estilos de
Vida con validez estadística en un país latinoamericano (capital más 15
ciudades). Años después, en el 2005, se llevó a cabo el mismo estudio en México
(capital más 14 ciudades).
Su
principal objetivo fue dar a conocer el comportamiento de los individuos como
resultado de la interacción de muchas variables que –observadas desde la
perspectiva funcional y sistémica de una sociedad de consumo– crean una suerte
de “personalidad grupal”.
Esta
“personalidad grupal”, denominada Estilo de Vida (EV), se explica como “una
manera de ser y de comportarse compartida por un grupo significativo de
personas de una sociedad, que se parecen entre sí por sus características
socio-demográficas, psicológicas, de comportamiento, de equipamiento e
infraestructura, entre otras” (Arellano 2000).
Ambos
estudios mostraron la existencia de 6 estilos de vida muy similares en México y
Perú con dos grandes ejes: el nivel de ingreso y el de modernidad–tradición,
altamente correlacionado con una variable de tendencia y resistencia al cambio.
Paralelamente se encontró que la variable sexo también era importante para la
clasificación de algunos grupos.
Conceptualmente,
las clasificaciones socioeconómicas en América Latina responden a un criterio
social y económico. Sin embargo, un problema fundamental es que en el
imaginario de las personas (y en el uso corriente de muchos empresarios), un
nivel socioeconómico alto implica necesariamente mucho dinero y un nivel bajo
muy poco. Más aún, los criterios de educación, ocupación o tipo de vivienda,
muchas veces se usan solo para inferir el nivel económico, sirviendo por tanto
solamente como indicadores de poder económico.
Adicionalmente
a este y otros problemas, es necesario remarcar los estereotipos que se
esconden detrás de la supuesta clasificación científica de los niveles
socioeconómicos que todos aceptan.
Así,
en el imaginario popular y, suponemos también que en el de científicos y
empresarios, las clase altas corresponden a personas de muy alto ingreso
(generalmente sobre-estimado), de alto nivel educativo, citadinos, modernos,
tecnológicos, bien educados (léase corteses y amables), limpios, honestos y con
atributos raciales específicos (blancos caucásicos). Ello no sería un problema
si la descripción fuera acertada, pero el principal error es que paralelamente
implica una definición de las clases bajas por contraposición a ella. Y claro,
esos estereotipos correspondieron alguna vez a la realidad social
latinoamericana, pero hoy no responden a los inmensos cambios sociales
ocurridos en los últimos 30 años.